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viernes, 21 de noviembre de 2014

Perico Vidal


Hay libros que sé que me van a enganchar incluso antes de empezar a leerlos, como si los hubieran escrito especialmente para mi. "Big Time: la gran vida de Perico Vidal" es uno de ellos. Lo ha escrito el gran Marcos Ordoñez y cuenta la apasionante historia de uno de los cineastas más importantes, y desconocidos, que ha dado este país. Ayudante de dirección de Orson Welles, David Lean o Mankiewicz, y gran amigo de Frank Sinatra, la fascinante vida de Perico Vidal era digna de ser contada. Y nadie mejor que Marcos Ordoñez para hacerlo. ¡A disfrutar!.

Horror

Ayer fue uno de esos días malditos, difíciles, insoportables. Una pena no poder volver solo unas horas atrás en el tiempo y poder dar a reinicio y olvidarnos del horror que sentimos ante lo ocurrido. He pensado en numerosas ocasiones sobre dónde está la línea que separa la cordura del abismo. Es muy difícil traspasarla, pero, por desgracia, a veces ocurre. Un día terrible.

Me duele la portada de hoy de El Correo, por innecesaria y cruel.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Aizian


En el Aizian, el restaurante ubicado en el Hotel Meliá, antiguo Sheraton Bilbao, siempre se ha comido muy bien. Por motivos que desconozco, la cocina de José Miguel Olazabalaga nunca ha tenido la repercusión mediática de otros cocineros. Un ninguneo propio de estos tiempos, donde prima lo superfluo y se ignora a la gente que dignifica su oficio con trabajo y dedicación. Ayer, la Guía Michelín subsanó esta flagrante injusticia al conceder, por fin, una Estrella Michelín al restaurante Aizian. Una excelente noticia para la gastronomía bizkaina. Enhorabuena.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El caos


No puedo más, tengo que soltarlo: Monago es un sinsorgo y un insustancial. Lo digo por lo de alardear de que no tiene parabólica. O de que su espalda ha sufrido mucho de tanto viajar por el bien común ¿De dónde sale esta gente? A mi lo que me flipa es que en sus curriculums aparece siempre que fueron los primeros de su promoción o que pasaron unas oposiciones muy duras para abogados del estado y cosas así. Y luego descubres que son de traca, auténticos mequetrefes, incapaces de asumir su responsabilidad y aportar un argumento con un mínimo de sustancia. Es todo de una frivolidad que acongoja. Hay que echarlos.

martes, 18 de noviembre de 2014

Una tila para Ana Pastor


Las redes sociales echan humo a cuenta de la entrevista que el domingo en El Objetivo le hizo Ana Pastor a Pablo Iglesias. El motivo del encuentro, la elección del líder de Podemos como nuevo secretario general del partido. Pastor se olvidó de las cortesías habituales en este tipo de entrevistas y cargó con virulencia contra  Iglesias. Recurrió a la hemeroteca para visibilizar a un combativo profesor de universidad que hablaba maravillas de Hugo Chávez, partidario de la liberación de los presos de ETA y del control público de los medios de comunicación. Nada nuevo bajo el sol. Además, la periodista intentó acorralar al entrevistado cada vez que éste abría la boca impidiéndole expresarse en varias ocasiones y mostrando repetidas veces consecutivas, que diría Desmon, una sonrisa perdonavidas marca de la casa. Como diciendo, "te vas a enterar, que yo no soy el soplapollas de Inda". Ser implacable con el entrevistado es una de las características principales de Ana Pastor. Nada que objetar. Allá cada uno con su manera de entender la profesión. Ahora bien, hay que diferenciar, por ejemplo, a alguien que lleva toda la vida viviendo de la política y con mucho que callar -Rosa Díez o Artur Mas, dos de sus víctimas más recientes- que un recién llegado, por muy mediático que sea. Solo le faltó acusarle de haber matado a Manolete. Es como si das el mismo trato a un gran narcotraficante que al camello que trapichea en cualquier barrio de una gran ciudad. Los dos pueden ser criticables, pero no igual de culpables. Una tila, por favor.



lunes, 17 de noviembre de 2014

El lado oscuro


El sábado me obligaron a cruzar al lado oscuro. Quería ver "Matar al mensajero" y para ello no había otra opción que ir a los cines de Zubiarte, un centro comercial especializado en cine para un público poco exigente. Incomprensible decisión de algún programador despistado, al que el título parece haber confundido. "Matar al mensajero" cuenta la historia real del periodista Gary Webb, que pudo demostrar la conexión entre la CIA y el tráfico de drogas para sufragar con dinero y armas a la Contra nicaragüense. Una película pensada para un público adulto en territorio enemigo. Y es una pena porque hay que echarle mucho valor para adentrarse en semejante lugar. Seguro que muchos espectadores potenciales de "Matar al mensajero" se van a perder una buena película por no estar programada en el sitio adecuado. Está rodada con pulso firme, y algo de frialdad, por Michael Cuesta, responsable de algunos de los mejores episodios de la también conspiranoica "Homeland". Si añoras los thrillers de los años 60 y 70, el cine de Alan J. Pakula o "Los tres días del Cóndor" de Pollack, te recomiendo un viaje a los infiernos. Es duro, pero te servirá para comprobar de primera mano por qué el mundo es una porquería. Me refiero al centro comercial, no a la CIA.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Posturas antagónicas


Nunca he creído que "hablando se entiende la gente". Puede servir para limar asperezas entre los que piensan igual pero con matices. Para posturas antagónicas no hay nada que hacer. Es lo que ocurre en Cataluña. Si la soberanía reside en el pueblo español o en el catalán. Yo tengo claro que son los catalanes lo que tienen que decidir su futuro. A mi que nadie me pregunte al respecto. Si desde el gobierno español se posibilitara una consulta legal la situación cambiaría y me da que los catalanes no optarían mayoritariamente por la independencia. Ya no sería un enfrentamiento entre los que quieren que los ciudadanos se expresen y lo que le niegan la voz al pueblo, una confrontación que consigue que aparezcan independentistas hasta de debajo de las piedras. Es mi opinión, si no os gusta tengo otras.

La foto, como es obvio, no tiene nada que ver con el texto. O sí.