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jueves, 28 de diciembre de 2017

Balance positivo


Se acaba el año y es hora de hacer balance. Ya está. Ni bien, ni mal, ni sí, ni no, sino todo lo contrario. El 2018 se presenta igual, sin muchas expectativas, sin esperar que pase nada inolvidable.  Mientras tanto, cogeré a diario el mismo metro, en la misma estación, con la misma gente  y a la misma hora. Y vuelta para casa. No pienso ir al gimnasio, ni tengo el propósito de recuperar el hábito de la lectura, una costumbre que perdí por un problema en los ojos, y dedicaré mi tiempo libre a ver películas, pocas, series, muchas, y beber cerveza sin alcohol. Todo lo que había que vivir ya está vivido, solo queda continuar y aguardar a que el cuerpo pida tierra. Hoy me he levantado con el optimismo subido. Parezco Kate Winslet deambulando perdida por Coney Island, mientras el resto de la gente disfruta de una fiesta a la que no ha sido invitada. Me viene a la cabeza una película bélica, no recuerdo el título, en el que un grupo de soldados que están alrededor de un compañero al que acaban de matar le dedican palabras de despedida, hasta que el último dice, "mejor él que yo". No es mi caso.

"Cuidado con la tristeza. Es un vicio". Gustave Flaubert

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